México lleva cine, migración y diversidad al Festival Latinoamericano de Biarritz

Mientras el prestigioso Festival de San Sebastián llegaba a su fin en el País Vasco español, el otro lado de la frontera recibía el inicio de una celebración cinematográfica dedicada a América Latina. En Biarritz, Francia, comenzó una nueva edición del Festival Latinoamericano de Biarritz, un encuentro que desde hace 35 años lleva a esta ciudad-balneario una amplia muestra de cine, literatura, música y expresiones culturales de la región.

El festival, conocido como BAL, ocupa distintos espacios de Biarritz con una programación que va más allá de las proyecciones cinematográficas. Durante sus jornadas reúne encuentros literarios, conferencias, conciertos y un mercado con artesanías y especialidades gastronómicas latinoamericanas, en actividades que convocan a un público que participa tanto en las funciones como en los debates con los artistas invitados.

La inauguración tuvo un marcado acento mexicano. Ante una abarrotada Gare du Midi, antigua estación de trenes y una de las principales sedes del encuentro, el cineasta mexicano Fernando Eimbcke presentó Moscas, su más reciente largometraje, que recibió una mención especial en San Sebastián.

La película continuará su recorrido internacional y será presentada próximamente en el Festival Viva México de París, donde Eimbcke también ofrecerá una masterclass en la Universidad de la Sorbona.

Al día siguiente, los reflectores se dirigieron hacia Diego Luna, quien presentó Ceniza en la boca, su quinta película como director. La cinta llegó a Biarritz después de obtener en San Sebastián el Premio Agenda 2030, un reconocimiento que pone el foco en el papel del cine y de la creación artística en favor de los derechos humanos y la democracia.

Para Luna, el reconocimiento también representa una manera de devolverle al cine parte de lo que esta disciplina le ha aportado a lo largo de su trayectoria. El director destacó la posibilidad de utilizar las películas para plantear preguntas y abordar asuntos sociales que, desde su perspectiva, requieren atención, entre ellos los desafíos relacionados con la migración.

El cineasta también resaltó la importancia de Biarritz como espacio de encuentro entre América Latina y Europa. El festival, señaló, permite recordar los vínculos construidos históricamente entre la región latinoamericana y Francia y explorar las posibilidades de colaboración que surgen de esas conexiones culturales.

La agenda de Luna continuará en París, donde participará en el Festival Viva México, Encuentros Cinematográficos. Además de presentar Ceniza en la boca durante la clausura, tendrá un diálogo en La Fémis, la escuela nacional de cine de Francia, considerada una de las instituciones cinematográficas más importantes del país.

En Biarritz, Ceniza en la boca también forma parte de la competencia por el Abrazo a mejor película, uno de los principales reconocimientos del festival. La producción de Luna es una de las cuatro películas mexicanas seleccionadas entre los diez largometrajes que compiten por el premio.

La representación mexicana se completa con Campeón Gabacho, de Jonás Cuarón; Morro, de Rodrigo García Sáiz, y Hiedra, de Ana Cristina Barragán. La presencia de estas producciones refleja la diversidad de temas y aproximaciones que caracterizan al cine mexicano contemporáneo dentro de la programación latinoamericana del encuentro.

La migración también ocupa un lugar destacado en otra de las películas presentadas durante el festival. El director uruguayo-mexicano Rodrigo Plá lleva a Biarritz Los nuevos, largometraje basado en la novela Llegaron con el viento, de Laura Santullo.

La película pasó previamente por la sección Locarno Kids del Festival de Cine de Locarno, en Suiza, donde recibió una mención especial del Pardo for Change, reconocimiento destinado a obras que abordan cuestiones ambientales, éticas, sociales y culturales consideradas urgentes.

Con Los nuevos, Plá busca acercar a los espectadores más jóvenes una historia relacionada con la migración y el desplazamiento forzoso, pero desde una perspectiva centrada en la comprensión y la empatía. El director ha planteado la importancia de abordar desde la infancia temas como el rechazo hacia quienes son diferentes, los extranjeros y las personas que llegan a nuevos lugares en busca de un espacio donde vivir.

La película también incorpora una reflexión sobre el cuidado del medio ambiente y la responsabilidad de acercar estos asuntos a los niños, bajo la idea de que quienes hoy forman parte del público infantil serán los adultos encargados de tomar decisiones en el futuro.

Además de las películas y actividades vinculadas con México, el Festival Latinoamericano de Biarritz ha mantenido una programación que busca mostrar la diversidad cultural y cinematográfica de América Latina. La combinación de cine, literatura, música, gastronomía y encuentros con creadores convierte al festival en un espacio de intercambio cultural entre ambas regiones.

La edición de este año llega a su cierre oficial este viernes, después de la ceremonia del palmarés. Entre los reconocimientos entregados durante el encuentro destaca el Abrazo de Honor concedido al músico chileno Eduardo Carrasco y al escritor cubano Leonardo Padura.

Así, durante varios días, Biarritz volvió a convertirse en un punto de encuentro para las expresiones culturales latinoamericanas en Francia, con una presencia mexicana particularmente destacada a través de cineastas y películas que abordan temas como la migración, los derechos humanos, la diversidad y la relación entre las sociedades contemporáneas.

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